¿Se nota la micropigmentación capilar?

Bien hecha, a una distancia normal de conversación no se nota. El ojo integra los puntos como la sombra de un pelo muy corto o como más densidad entre el cabello, igual que ocurre con un cuero cabelludo recién rapado.

Lo que delata la técnica son errores concretos: puntos grandes y uniformes, un tono demasiado oscuro, una línea frontal recta y baja o un borde que corta de golpe con la piel. Casi todos se evitan con un buen diseño y con paciencia para construir la densidad poco a poco.

Al terminar cada sesión los puntos se ven más marcados y la piel puede estar algo roja, así que ese no es el momento de juzgar. El aspecto real se aprecia cuando la piel ha cicatrizado.

El diseño: línea frontal y proporciones

La línea frontal es lo primero que se mira, y por eso es donde más se nota un mal diseño. En una persona adulta el nacimiento del pelo no es una línea limpia, sino una zona algo irregular en la que los puntos se van espaciando hacia la frente.

Su altura y su forma se deciden según las proporciones de la cara, la edad y el tipo de alopecia. Lo explicamos con más detalle en micropigmentación capilar y edad, porque un diseño que favorece a los veinte puede no hacerlo más adelante.

Antes de empezar, la línea se dibuja sobre la frente para que la veas en el espejo y puedas pedir cambios. Es el momento de decir si la quieres más alta, más suave o con las sienes más marcadas.

Densidad y degradado: la base de un resultado natural en micropigmentación capilar

El pelo real no tiene la misma densidad en toda la cabeza: es más tupido en unas zonas y se aclara hacia la frente, las sienes y la nuca. Reproducir esas transiciones con un degradado de densidad y de tono es lo que evita el efecto de casco pintado.

El degradado se trabaja en los bordes de la línea frontal, en la unión con el pelo que todavía existe y alrededor de cicatrices o calvas. En esas zonas los puntos se van separando y aclarando poco a poco, de modo que no hay un límite visible entre el pigmento y la piel.

Construir la densidad en varias sesiones ayuda mucho a conseguirlo. Cada sesión añade puntos sobre lo ya cicatrizado, y así se puede ajustar el degradado con la piel recuperada en lugar de intentar acertar de una vez.

Color, tamaño y dirección del punto

El tono se elige comparando el pigmento con el color del pelo y de la piel, y suele ser algo más claro que el cabello porque se ve a través de la piel. Los pigmentos específicos para cuero cabelludo pierden intensidad de forma gradual sin virar a azul o verde, algo que sí ocurre con las tintas de tatuaje.

Los puntos tienen que ser diminutos y variar ligeramente de tamaño y separación, como los folículos reales. En la densificación se colocan además siguiendo la dirección de crecimiento del pelo, para que se mezclen con los mechones en lugar de formar un patrón propio.

Cómo mantener el aspecto natural con el tiempo

En el efecto rapado, el pelo que queda tiene que llevarse muy corto para que se confunda con los puntos. Si crece varios días, el contraste entre el pelo real y el pigmento empieza a notarse, así que conviene incorporar el rapado a la rutina.

El sol es lo que más hace perder intensidad al pigmento, por lo que el protector solar en el cuero cabelludo es parte del mantenimiento. Con los años, cuando el color pierda fuerza, un retoque permite recuperar el tono y adaptar el diseño si la alopecia ha avanzado.